La Nación: La imagen de Belgrano, un retrato en construcción
20/06/2026
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De una miniatura de seis centímetros pintada en su juventud al prócer de manual, sentado de piernas cruzadas, un recorrido por la iconografía del creador de la bandera
Sabemos que don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano se hizo retratar cuando estuvo en Europa. Primero como aventajado estudiante en Salamanca y más tarde como diplomático al servicio de las Provincias Unidas.Del molino al algoritmo, la historia de la soledad que en el siglo XXI tomó protagonismo y se volvió epidemiaLa primera iconografía es una miniatura pintada por J. A. Bouchard en 1793. Muestra a un joven de veintitrés años. Sin embargo, al reverso de este retrato lo llama general cuando su carrera militar ni se le pasaba por la cabeza. ¿Quién escribió estos datos? Todo parece indicar que se trata de don Manuel y probablemente se haya escrito su grado después de muerto.El cuadro más difundido y aceptado como el que refleja al entonces diplomático es el que pintó Casimir Carbonnier, en Londres hacia 1815, cuando había viajado con Rivadavia y Sarratea a buscar un príncipe europeo para establecer una monarquía en el Río de la Plata.Al fondo y abajo hay una imagen que llama la atención: se ve una bandera celeste y blanca, pero con una división vertical. ¿Acaso era esta la concepción original de la enseña patria o fue un detalle que Belgrano pasó por alto? El original de este retrato de 130 × 110 centímetros se encuentra actualmente en el Museo Dámaso Arce, en Olavarría, aunque existen varias reproducciones en el país. De una forma u otra, esta es la imagen icónica que transmiten los libros de texto y que ha servido de modelo para las estatuas del creador de la bandera.Johann Moritz Rugendas (1802-1858) fue un pintor alemán que recorrió América del Sur retratando a personajes y paisajes. Al parecer, Rugendas contempló la obra de Carbonnier, que entonces estaba en manos de la hija del general, y en 1845 trazó este dibujo que apenas se aleja de las facciones de Carbonnier.Hay otro retrato al óleo también atribuido a Carbonnier (con dudas) que llegó al país en 1822 y, después de estar en la familia de Bernardino Rivadavia, pasó a manos del Museo Nacional de Bellas Artes.Este cuadro sirvió de modelo para otras copias que Prilidiano Pueyrredón hizo del prócer y que están en clubes privados de Buenos Aires.Curiosamente, ninguna de estas obras está firmada.Por último, Pablo Núñez de Ibarra hizo un retrato del general que ya luce algo envejecido y fue realizado años después de la muerte de Belgrano.Ningún prócer termina de congraciarse con la historia de un país si no sube al bronce, y don Manuel fue uno de los primeros en tener ese honor. El primer busto de Belgrano erigido en el país está en Luján, es obra del escultor Luis Brunix y fue inaugurado en 1858.En 1870 se creó una comisión para honrar la memoria del prócer con un monumento financiado por suscripción popular. Presidía esta comisión el general Bartolomé Mitre, que le había dedicado un libro a Belgrano detallando su gesta. Lo acompañaban en la gestión Manuel Guerrico, un hombre de fortuna cuya colección de obras de arte sería la base de nuestro Museo de Bellas Artes, y el general Enrique Martínez.Esta comisión decidió encomendar la obra al escultor francés Carrier-Belleuse, quien a su vez delegó el diseño del brioso corcel a un escultor argentino que vivía en Francia, Manuel de Santa Coloma, miembro de una familia de raigambre rosista. La obra fue emplazada en lo que hoy llamamos Plaza de Mayo, que entonces estaba separada por la vieja Recova en dos plazas: una, la de las Victorias, que enfrentaba al Cabildo y lucía la Pirámide de Mayo (que no es una pirámide sino un obelisco), y la otra, llamada 25 de Mayo, donde se emplazó la estatua ecuestre del prócer.La obra fue descubierta el 24 de septiembre de 1873, con la presencia de Sarmiento como presidente y Mitre como principal orador.El comentario obligado fue el caballo de Santa Coloma. Mientras Mitre desgranaba elogios al general abogado, la concurrencia estaba muy entretenida mirando al caballo y comentaba por lo bajo: “Petiso el pingo del general”. Santa Coloma, que había vivido desde muy joven en Francia, había olvidado el porte de los caballos criollos y había montado al general en un caballo de menor porte.Otra estatua de tamaño natural que recuerda al prócer se encuentra en el barrio de Belgrano, que en un tiempo fue una población distinta de Buenos Aires y llegó a ser, transitoriamente, capital del país durante la Revolución de Carlos Tejedor, al fin del gobierno de Nicolás Avellaneda.La obra en cuestión fue ejecutada por el escultor Héctor Rocha e inaugurada también un 24 de septiembre, pero de 1961.Los restos de Belgrano, que habían sido enterrados bajo una humilde losa de mármol en el atrio de la iglesia de Santo Domingo, fueron trasladados en 1902 al monumento, obra de Ettore Ximenes (1855-1926).Cuentan que cuando los restos fueron exhumados, los ministros Joaquín V. González y el general Riccheri intentaron conservar como souvenirs una muela del prócer “que menos ha comido del erario público”. Así lo señaló un medio periodístico pocos días después de la inauguración. Los ministros se vieron obligados a restituir las piezas dentales. González nada dijo, pero Riccheri se excusó manifestando que pensaba regalársela al general Mitre, quien aún vivía (moriría en 1906).Existen otros monumentos a Belgrano en distintas ciudades argentinas, entre las que se destacan el monumento ecuestre del prócer en Santiago del Estero, obra del escultor Arturo Tomás, y otros monumentos en Jujuy, Salta y Tucumán, además del monumento en Rosario, Santa Fe, que tiene una obra gemela en Génova. Esta estatua ecuestre es anterior al Monumento a la Bandera, obra de Fioravanti, inaugurado en 1957.Además de Génova, ciudad de la que era oriunda la familia Belgrano, hay un broche homenajeando al prócer frente a la embajada argentina en Roma y otro en Oneglia, Italia, ciudad natal de Domingo Belgrano Peri, padre de Manuel.“Me glorío de no haber engañado jamás a ningún hombre y de haber procedido constantemente por el sendero de la razón y de la justicia, a pesar de haber conocido la ingratitud.”¿Cuántos dirigentes argentinos pueden hacer propias esas palabras?
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