Portada1 Portada2
La Nación: Leandro Illia: “Mi padre fue un hombre bueno, pero se confunde bueno con buenudo”
22/02/2026 | 5 visitas
Imagen Noticia
Maestro y abogado, en un libro reivindica a su padre, el expresidente Arturo Illia, y habla de su vínculo; recuerda sus años en la Quinta de Olivos y cómo se convirtió en testigo “desde atrás de una puerta”
Leandro Illia, el Illia más parecido físicamente al papá, acaba de cumplir 80 años. Cuando tenía 17, contra su deseo se fue a vivir a la Residencia Presidencial de Olivos. Él quería quedarse en Córdoba, donde había comenzado a estudiar Derecho. Allí estaba su vida, dice, estaban sus amigos. Pero el 12 de octubre de 1963 su padre juró como presidente (primer radical desde Yrigoyen) y su mamá lo conminó a mudarse con ellos a Buenos Aires. “Tu padre te necesita”, le dijo. En la UBA tuvo que volver a empezar porque se negó a que con una resolución excepcional le validaran el ingreso que ya había rendido en Córdoba.En rigor, Arturo Illia solo dormía en Olivos los fines de semana. De lunes a viernes se quedaba en la Casa Rosada, adonde el joven Leandro, que disponía de auto con chofer, iba a diario. El menor de los Illia recuerda hoy que mientras su papá hacía política, tenía funciones partidarias o ejercía como diputado nacional él no lo veía tan seguido como cuando gobernó el país. Sin filtro. Jaime Bayly: “Milei ve a Trump como un padre rico y poderoso que le dice cosas bonitas”“Era un padre ausente”, dirá en el transcurso de la larga conversación que mantuvo con LA NACION en su departamento del barrio de Belgrano. La mamá –son sus palabras– “siempre hizo de madre y padre”. Los hermanos mayores, Emma y Martín (fallecido en 1999), se involucraron menos en el gobierno. Emma vivía también en Olivos, incluso allí se celebró en 1965 en forma muy austera su boda (Oberdan Sallustro envió a Olivos un Fiat de regalo pero el presidente ordenó devolvérselo de inmediato). Martín siguió viviendo en Córdoba. Y Leandro en definitiva funcionó como el familiar más cercano al presidente durante los dos años y ocho meses que duró el mandato trunco. Un privilegio que ejerció fundamentalmente “desde atrás de una puerta”. Él no lo dice como metáfora. Literalmente dejaba la puerta entreabierta para espiar. Y ese es el núcleo del libro Arturo Illia, mi padre recién publicado, que le permite a este maestro y abogado afable y vivaz, también de cabello blanco, no solo contar lo que veía y escuchaba sino hacer una defensa cerrada de la honestidad y de las virtudes, incluida la eficacia, del presidente Illia. Y reivindicar las medidas que adoptó. Desde las relaciones y los negocios con China hasta su ambicioso plan de desarrollo, obviamente inconcluso. Un gobierno –esto ya es proverbial– reconocido por muchos argentinos con insalvable demora. Lo más significativo es el dato de que en ningún otro golpe de Estado hubo a posteriori tantos golpistas arrepentidos. Durante la presidencia de Alfonsín (que se inició once meses después de la muerte de Arturo Illia), Leandro Illia fue interventor de la Caja de Asignaciones Familiares para el Personal de la Industria. Luego fue presidente de esa entidad. Trabajó también muchos años en el Congreso. Fue asesor del bloque radical de Diputados durante el tercer gobierno peronista y desempeñó las mismas funciones en el Senado desde 1989. Más tarde fue designado mandatario judicial del gobierno de la Ciudad hasta 2020.–¿Por qué esperó sesenta años para contar su versión de la historia y sus vivencias?–La tenía en la cabeza desde hace mucho, pero no me concentraba. Y dije “cuando me jubilo lo hago”. Así fue.–En las primeras páginas usted evoca cuando el diputado Vítolo le decía a Frondizi: “si sentís que alguien te toca la espalda y al darte vuelta no hay nadie, ése es Arturo Illia”. ¿Cómo interpreta esa anécdota?–Mi Viejo era muy zorro, cosa que en general no se conoce.–Quizás prevalece la idea de que era una muy buena persona, algo que para mucha gente podría ser incompatible con la astucia. –Pero era muy astuto. Por eso hizo la carrera que hizo. Mi padre era parco, casi no hablaba de sí mismo. Sí le puedo decir que era muy mujeriego–Hasta hay gente que piensa que era demasiado bueno, algunos dirán demasiado honesto para ser político.–Es un tema que se tergiversa. Era muy bueno en la conversación personal, persuadía, no imponía, pero se confunde bueno con buenudo. Él era ghandiano, tenía formación humanística. Eso lo practicaba con la política, los pacientes, los amigos, era solidario.–Para ejercer el poder hay que imponer límites, ¿no es cierto? Cuénteme cómo era como padre. Usted relata en el libro que una vez le pegó.–Una sola vez. Imponía respeto con su ejemplo.–¿Era severo?–No, no necesitaba el azote. Aquella vez que me pegó fue porque yo había combinado con mi madre que ese día no iba al colegio porque tenía un examen de matemática y no había estudiado. Yo era bastante vago cuando era chico. Mi Viejo se levantaba a las seis de la mañana y empezaba a atender a los pacientes. En mi casa de Cruz del Eje, que fue donada por el pueblo y yo se la restituí nuevamente al pueblo, yo dormía en una especie de altillo. Ese día le dice a mi mamá “¿dónde está Leandro? ¿no fue al colegio?”. “No, se siente medio mal, está medio engripado”, le respondió mi mamá. Subió, me tocó y al tocarme ya supo que yo no tenía fiebre ni nada y me pegó una piña que me tiró de la cama. Tenía nueve o diez años.–Está muy difundida la imagen de su padre como médico de pueblo. Cuenta en el libro su vida en Cruz del Eje. Y dice que su infancia transcurrió sobre todo con su madre, ya que su padre pasaba largos períodos fuera de casa. ¿En Olivos usted dónde vivía?–En el chalet. Además del dormitorio de mis padres había dos dormitorios. La Quinta como yo la conocí no era nada del otro mundo. En un ala estaba el escritorio del presidente, en otra el comedor. Y había una especie de cuartito entre el living y el despacho presidencial. Desde ahí yo escuchaba las conversaciones, en especial sobre economía, que se hacían los sábados por la tarde. Participaban Eugenio Blanco, Félix Elizalde, ya empezaba Roque Carranza, hombres patriotas que no son reconocidos…–Roque Carranza tiene una estación de subte. Eugenio Blanco, creo, una calle corta.–Bueno, pero no son reconocidos por la prensa. También participaba Julio Olivera, que era decano de la Facultad de Ciencias Económicas y que sin un cargo integraba el equipo económico.–Cuando reseña la juventud de su padre usted cuenta que a un amigo danés llamado Hansen Bulerup, quien padecía tifus, su padre le salvó la vida, pero no le quiso cobrar y luego este hombre lo invitó a Dinamarca. Ese fue el origen del viaje a Europa de 1934-35 que según relata se extendió… –Duró un año y medio, prácticamente. Me lo contó Hansen. Lo conocí bastante a Hansen.–¿Su madre se había quedado acá?–No, esto fue en 1934, ellos se casaron en el 39.–Entonces este señor Bulerup lo bancó en Europa muchísimo tiempo. ¿No hay registros, cartas, fotos de ese año y medio?–Muy poco. Mi padre era parco, casi no hablaba de sí mismo. Sí le puedo decir que era muy mujeriego. Y que se puso de novio con la hermana de Hansen.–Pero usted narra cosas bastante más impresionantes sobre aquel tiempo, como el paso de su padre por la Alemania nazi, dice que en Múnich tuvo serios problemas porque se negó a hacer hail Hitler e incluso que estuvo en una comida de la que participó un joven militar con quien su padre habría discutido sobre el totalitarismo europeo: Juan Domingo Perón. Sin embargo, Perón, discúlpeme, entiendo que llegó a Europa recién en 1939. ¿Su única fuente es Bulerup? ¿Su padre nunca habló de estas cosas? ¿No dijo ni siquiera que lo había conocido a Perón?–Era muy hermético mi Viejo. Pertenecía a otra galaxia. No conversaba, no se expresaba. Era un tipo para adentro. Pero que estuvo cerca de Mussolini y que lo vio a Hitler sí me lo contó él. También, que le impresionó mucho y fue admirador de la democracia escandinava.Leandro Illia era un adolescente en 1959 cuando le tocó atender en su casa de Cruz del Eje, donde el padre tenía el consultorio, una llamada telefónica del presidente Frondizi, con quien en esa época Arturo Illia aún mantenía una buena relación. Frondizi le pidió que fuera urgente a verlo a la Casa Rosada. Se hizo acompañar por Crisólogo Larralde. En forma confidencial el presidente le solicitó que intercediera ante sus contactos en la Marina, fuerza que lo había emplazado. Leandro Illia asegura que su padre consiguió que la Marina extendiera el plazo a tres meses para intentar salvar la continuidad del gobierno constitucional.–¿Qué contactos militares tenía su padre en 1959?–Desde 1955, varios. Mi Viejo fue jefe de los comandos civiles en Córdoba. Ahí levantaron varias guarniciones. Él me contó que la que no pudieron levantar fue La Rioja, que era muy leal a Perón.–Se lo pregunto también porque un aspecto controversial de su libro tal vez sea el tema de la relación con el poder militar. Usted sostiene de manera rotunda que su padre le levantó la proscripción al peronismo.–Es que fue así. –¿El peronismo no estaba proscripto?–Sí, pero no por el radicalismo. Mi Viejo en el 65 le levanta la proscripción.–Es cierto que en 1965 el peronismo se presenta a las elecciones con otros nombres y con listas neoperonistas y gana. Pero muchos historiadores hablan de un tutelaje militar.–No, de ninguna manera. Mi Viejo precisamente cae por no hacerles caso a las Fuerzas Armadas. No como Frondizi, que tuvo 36 planteos. Y cae por el peronismo. Porque muchos de los planteos militares eran para que Perón no solo no volviera, sino que no exista el Partido Justicialista. Varios de los que habían sido colorados, Toranzo Montero y su séquito, hicieron, sí, algún tipo de planteo, no a mi Viejo, porque sabían que los iba a rechazar, sino al ministro de Defensa, Leopoldo Suárez. Mi Viejo le dijo al ministro: “si quiere venir Perón, que venga, no hay ningún problema”.–Pero vaya si hubo problemas con aquella vuelta frustrada de 1964.–La vuelta fue una provocación, recurso que le quedaba a Perón por la interna con Vandor después de haber mandado a Isabelita… ¿Por qué Isabelita no había tenido ningún problema para entrar al país? Porque ella había hecho todo en regla. ¿Por qué Perón no puede entrar al país? Porque no hace ningún trámite consular. Ni pasaporte tenía.–Perón viajó con un pasaporte paraguayo que le había dado Stroessner.–Ah, bueno, pero pasaporte argentino no tenía.Augusto Vandor, Alberto Iturbe, Andrés Framini, Carlos Lascano y Delia Parodi, que formaban la “comisión organizadora” del “retorno”, encabezaron el acto recordatorio del 17 de octubre en Plaza Miserere autorizado por el gobierno de Illia. Ese grupo más Jorge Antonio, quien compró todos los asientos de primera clase en un vuelo de Iberia que venía de Madrid con escalas en Río de Janeiro y Montevideo (“el avión negro”, lo llamaban en la época) acompañó a Perón en su fallida vuelta al país del 2 de diciembre de 1964. Perón salió de Puerta de Hierro escondido en el baúl de un Mercedes Benz, después se pasó a un Seat 1500 y siguió a Barajas. Pero después de cruzar el océano no superó Río de Janeiro. En el aeropuerto de Galeão el grupo fue encerrado por las autoridades en un casino de oficiales durante 17 horas, el tiempo que el avión de Iberia tardó en ir a Montevideo, Buenos Aires y Santiago, para aterrizar de nuevo en Río de Janeiro y reembarcar a todos los argentinos rumbo a Madrid. El episodio tuvo fuerte repercusión mundial. Diarios como el Times de Londres, el Herald Tribune, Le Monde o la revista Time dijeron que el intento solo había tenido fines efectistas. The New York Times hizo la misma interpretación y agregó que si Perón hubiera llegado a Buenos Aires habría sido detenido por una vieja acusación de estupro.Antes del golpe mi Viejo vendió el auto, un Bergantín, para pagar la internación en Houston de mi madre–¿Se acuerda de esas horas? ¿Usted dónde estaba?–Yo me quedé a comer con mi Viejo como casi todos los días. Habré vuelto a Olivos a las 12 o 12 y media. Después de la cena aparecieron los ministros de Interior y Defensa, que querían hablar con mi padre.–¿Cuándo se enteró usted de que Perón estaba retenido en Río de Janeiro?–Nos enteramos ahí… Vea, no hay ningún dato fehaciente de que el gobierno argentino haya intervenido en una detención de Perón en Río de Janeiro. Yo lo investigué. No existe nada que indique que mi Viejo hubiera dado algún tipo de orden para que detuvieran a Perón en Brasil. Ningún hecho ni dato ni escrito ni prueba testimonial.–La versión más aceptada dice que fueron los militares argentinos y de Brasil en coordinación o a pedido de Estados Unidos. –Sí, pero ¿qué pruebas hay? Robert Potash también dice que no hubo ninguna intermediación del gobierno argentino con el de Brasil. Si la hubo, no fue a través del Poder Ejecutivo.–¿Su padre qué posición tenía?–Que venga Perón. No hagan nada, fue la instrucción que les dio a los ministros de Interior y de Defensa. Y él se fue a dormir. Yo me fui con él a Olivos.–¿Qué más recuerda de esa noche?–Eso es lo que me acuerdo.–¿Pero había tensión? ¿Su padre no estaba nervioso?–Nooo, y si estaba nervioso no se le notaba. Era muy difícil desentrañar lo que él sentía. Era un hombre atípico, no se lo podía semblantear por la emoción. Yo nunca lo vi emocionado. Ni cuando murió mi madre. Era un tipo frío.–¿Quién era el confidente de su padre?–No tenía un confidente. Pero alguien de mucha confianza era Palmero, el ministro del Interior.–¿Cómo obtuvo su padre la primera información de que Perón estaba viniendo hacia la Argentina ese 1° de diciembre de 1964? –Debió haber sido Gerardo Valdés, de la SIDE, quien le dio el parte.–Hablemos de otro tema medular, la cuestión comunicacional. Usted recuerda en el libro que su padre decía: “la gente se va a dar cuenta por sí sola de lo que estamos haciendo”.–Exacto, el concepto le venía de haber visto el fascismo, el nazismo. Esto fue motivo de discusión en la familia. Yo me opuse. Le dije: “mirá, papá, hay que hacer publicidad”. Y él decía “de ninguna manera, no vamos a gastar un solo peso en publicidad”. Ahí es cuando le presenta la renuncia Emilio Parodi, el secretario de Prensa. “Si yo no puedo hacer prensa, ¿usted para qué me nombró?”, le dijo Parodi. Después Emilio Gibaja hizo algo, pero no mucho.–¿Nadie hablaba con los editores y columnistas de las revistas que, dice usted, eran despiadadas con el gobierno, como Primera Plana, Confirmado, Extra, Tía Vicenta, Todo? Usted los nombra -entre otros, Mariano Grondona, Jacobo Timerman, Bernardo Neustadt, Mariano Montemayor- y dice que lo trataban a su padre de “lento, errático, indeciso”. Por lo de “lento” fue el famoso asunto de que una manifestación sindical largó tortugas en Plaza de Mayo.–No, por parte de mi padre nadie hablaba. Nadie.–Sin embargo, a la vez dice en el libro que la caída no fue por los motivos comunicacionales. En la página 60 transcribe 18 puntos de la plataforma de su padre, que en general luego llevó a cabo, desde la derogación de toda ley represiva y el levantamiento de la proscripción del peronismo hasta la denuncia de los acuerdos con el FMI, la nulidad de los contratos petroleros y eléctricos, el apoyo a la producción agropecuaria sobre todo al pequeño y mediano productor, la protección a la industria nacional fomentando la sustitución de importaciones, relación con todos los países incluidos China, los países asiáticos y africanos, revisión profunda de la política energética, intervención estatal mediante empresas públicas en los sectores básicos de la economía, acción concreta sobre el precio de los medicamentos, disminución del presupuesto militar, estricta subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil. En fin. Y dice: “esto fue lo que hizo saltar las alarmas. No fueron errores de gestión ni problemas de comunicación. Fueron estas ideas. Por eso combatieron su gobierno. Por eso lo desalojaron”.–Claro, en el fondo es eso, son los grandes intereses. Por interpósita persona, por los medios, por lo que sea. Cuando deroga los contratos petroleros lo llama (el canciller) Zavala Ortiz y le dice que el embajador de Estados Unidos lo quería ver urgente. Le respondió que lo acompañara a Olivos al día siguiente, a las 11 de la mañana. Cuando llegaron yo estaba solo. Mi Vieja se estaba atendiendo en Córdoba del cáncer que tenía. Y mi Viejo me dijo que lo recibiera yo. Después él bajó y lo saludó protocolarmente. Le dijo al embajador “pase por acá…” y a Zavala Ortiz lo dejó afuera. Yo me quedé detrás de la puerta y escuché todo. El embajador le dijo que Estados Unidos no iba a ayudar más a la Argentina si él no anulaba la derogación de los contratos petroleros. Entonces mi Viejo le contestó que le pusiera eso por escrito. Esa misma tarde el embajador fue cambiado. –En definitiva usted sostiene que su padre tuvo una plataforma electoral a la cual luego honró, lo que dijo que iba a hacer fue lo que hizo, y que los grandes intereses lo desgastaron y generaron su caída. Interpretación que por cierto va en línea con la de muchos historiadores. La pregunta que cabe hacerse en todo caso es si la historia pudo haber sido distinta. Pero eso nos llevaría a hablar de posibles errores, quizás errores estratégicos, cosa que usted evita.–Yo trato de decir cuáles fueron los aciertos.–¿Pero al interrogante de si la historia pudo haber sido otra en lugar de un golpe bastante absurdo y con tantos arrepentidos posteriores usted qué se responde?–La pregunta en todo caso es esta: si no hubieran existido los conglomerados oligopólicos o monopólicos, tanto petroleros como farmacéuticos, ¿hubiera seguido? Mi padre tenía la visión de que sí. El Plan Nacional de Desarrollo era 1964-1969. Mi Viejo había pagado la deuda externa al romper la bipolaridad y hacer el convenio con China.–¿Cuánto influyó en el curso de los acontecimientos la personalidad gandhiana de su padre?–Yo creo que él estaba convencido de que no podía hacer nada más.–¿Se refiere a que estaba resignado a que el desenlace era inexorable?–Creo que sí. Él sabía del golpe, tenía muy buena información. Que no llegaba de la SIDE sino del jefe de la Policía Federal. Podría haberlos detenido antes (a los golpistas). ¿Y por qué no lo hizo?–Eso le pregunto yo, ¿por qué no lo hizo?–No sé. Supongo que no quería deslegitimar el gobierno con procedimientos extraordinarios que no estaban en la Constitución ni en la ley.–¿No era acaso el comandante en jefe?–Eso es lo que le dice a (Julio) Alsogaray el día del golpe (N. de la R.: se refiere al tenso diálogo en el despacho presidencial cuando este general desconoce la autoridad del doctor Illia como su superior). Era el comandante en jefe, sí. Pero no le dieron pelota.–Ahí igual ya era tarde.–¿Y cómo los detenía, cómo probaba el complot?–¿Está reconociendo que no fue lo suficientemente enérgico?–No, pienso que él estaba convencido de que caía o caía. Fue inflexible. No transó. No negoció.–Volvamos a sus recuerdos. ¿Usted dónde estaba el 27 de junio de 1966?–En la Casa de Gobierno.–¿A qué hora llegó?–A las ocho de la noche. Me entero ahí de que se estaban sublevando las tropas. El golpe ya era un hecho. Solo le respondían los 33 colimbas que estaban ahí de granaderos.–Me dijo antes que quien mejor lo informaba a su padre era el jefe de la Policía Federal. ¿Pero no fueron policías los que tomaron la Casa Rosada?–No, lo que pasó fue que el coronel Perlinger mandó a unos tipos de infantería de la policía que estaban cerca, fue algo circunstancial.–¿Qué hizo usted durante esa noche, las 11 o 12 horas que pasaron hasta que los desalojan de la Casa Rosada?–Estuve con mi Viejo. El despacho estaba lleno de gente. Ministros, secretarios de Estado, algunos amigos. Perlinger le dijo a mi padre que lo iban a sacar con custodia y mi padre le dijo que de ninguna manera, que él no la necesitaba. Y la policía nos sacó a todos a empujones. Yo quería pegarle un tiro a Alsogaray, pero no tenía armas.–¿Y qué hubiera hecho?–Si yo le pedía el arma al chofer, me la daba. Pero entré a la Casa de Gobierno sin habérsela pedido.–¿Cree que habría disparado?–Sí. Sin el arma quería arrojarlo a Alsogaray por la ventana, pero no me dejaron. –Una escena imaginaria que contrasta con la actitud pacífica de su padre.–Pacífica no, fue valiente, lo miró a los ojos a Alsogaray y le dijo “usted no se anima mano a mano”. Entonces Alsogaray dijo “no lleguemos a ese terreno”.–Su padre fue sacado a empujones por militares y policías, a la vez protegido por la multitud, y ya en la calle, después de haber rechazado el auto que le ofrecieron los golpistas, según la leyenda se fue en taxi. Al parecer lo que ocurrió fue que él pidió que le consiguieran “un auto de alquiler” pero lo terminó llevando Carlos Alconada Aramburú, ¿no?–Sí, creo que lo llevó Alconada Aramburú. Fue a la casa del hermano, mi tío, en Martínez.–Y tres meses después del golpe enviudó.–Sí, mi mamá estaba internada en Houston, acompañada por mi hermano Martín, que también era médico. Ella se enteró del derrocamiento viendo televisión. Vino un mes y medio antes de morir y estuvo internada acá. Imagínese que para mí 1966 fue un año difícil. Más que nada por la muerte de mi Vieja.–Qué duro debió ser. Tremendo. Usted tenía solo 19 años, ¿no? ¿Y su padre cómo sobrellevó la enfermedad de ella?–Con la estoicidad que tuvo siempre.–¿Cuánto tiempo estuvo enferma?–Cuatro o cinco años. Yo no sabía. Un tumor maligno. Antes del golpe mi Viejo vendió el auto, un Bergantín, para pagar la internación en Houston.
Compartir
Compartir
Ir a Inicio
galería de fotos (0)
galería de videos (0)
galería de audios (0)
comentarios de la gente
Nombre:
Comentario:
IMPORTANTE!: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores, sobre quienes pueden recaer las sanciones legales que correspondan. Además, en este espacio se representa la opinión de los usuarios y no de los propietarios de este portal y http://www.soberania1041.com.ar/web/. Los textos que violen las normas establecidas para este sitio serían eliminados, tanto a partir de una denuncia de abuso por parte de los lectores como por decisión del editor.
Enviar comentario
Todavía no hay comentarios. Escriba el suyo.
noticias similares sobre la nación
Imagen Noticia
Invertir en propiedades: 5 bancos que ofrecen créditos hipotecarios para segunda vivienda
Estas cinco entidades bancarias ofrecen líneas de préstamo a largo plazo para la adquisición de vivienda no permanente
» Leer más...
Imagen Noticia
“Dos pesos, dos medidas”: Tras la muerte de un joven de extrema derecha en Lyon, vuelve el debate por el crimen de un exPuma
El reciente asesinato reabrió la discusión sobre la violencia ideológica en Francia y puso otra vez en agenda el caso de Federico Martín Aramburú
» Leer más...
Imagen Noticia
La medida firmada por la gobernadora de Virginia que le da control y favorece a los inmigrantes vs. el ICE
La gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, firmó dos medidas que afectan a los acuerdos 287(g) del ICE; conoce qué dicen la Directriz Ejecutiva 1 y la Orden Ejecutiva 12.
» Leer más...
Imagen Noticia
Estudio en Estados Unidos revela la regla de las tres horas que ayuda a mejorar la salud del corazón
Un estudio en EE.UU. identificó la regla de las tres horas como un hábito clave para fortalecer el corazón y mejorar la salud cardiovascular a largo plazo, según evidencia científica reciente
» Leer más...
Imagen Noticia
Tierras públicas: la enfiteusis, Bernardino Rivadavia y un éxito que no fue
La iniciativa del prócer para ceder inmuebles a cambio de un canon para el Estado no logró los resultados
» Leer más...
Elegí tu color preferido:
Elegí tu fondo preferido:
Facebook
programación. ahora en vivo:
Entre Usted el Folklore y Yo
Programa de entretenimiento netamente Folklórico. Conduce José Carrasco
Escuchanos en vivo

Hacé clic en play para escuchar o abrí en otra pestaña:
Mensajero
Nombre:
Comentario:
Ingrese la suma de 4 + 5:
IMPORTANTE!: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores, sobre quienes pueden recaer las sanciones legales que correspondan. Además, en este espacio se representa la opinión de los usuarios y no de los propietarios de este portal y http://www.soberania1041.com.ar/web/.
Enviar mensaje
dejanos tu opinión
¿Qué te parece nuestra web?
Buena
Excelente
Mala
Muy buena
Regular
Votar
clima en las heras
empresas y servicios
PublicidadesPublicidadesPublicidades
enlaces útiles
Secciones de la web
Nosotros
  • historia
  • Categorías de noticias
  • Deportes
  • Economía
  • Educación
  • Espectáculos
  • Interés
  • La Nación
  • Las Heras
  • Mundo
  • Nacionales
  • Perfil.com
  • Política
  • Regional
  • Santa Cruz
  • Sociedad
  • Tecnología
  • Para contactarse con nosotros
    Fm Soberania 104.1 Mhz

    Mail: fmsoberania@msn.com
    Mensaje de Texto: 2974186333
    Comunicación Directa: 0297/154143425
    Fijo: 0297-4974698
    Facebook: Fm Soberania
    Twitter: @soberania1041

    Las heras - Santa Cruz.
    Enlaces útiles
    Mapa de Las Heras
    Desarrollado por VeemeSoft - www.veemesoft.com.ar
    Sombra